Por qué los argentinos se endeudan: lo que cambió en los últimos 5 años

Repasemos los motivos reales detrás del boom —y después el freno— del endeudamiento argentino.
1. Cubrir gastos corrientes, no darse un gusto. Este es el cambio más significativo del período. Una encuesta sobre 4.200 hogares en todo el país encontró que el 93% de las familias argentinas tiene algún tipo de deuda, y que el 54% de esas deudas se originó en la compra de alimentos. El changuito del supermercado, los medicamentos, las expensas: todo eso hoy se financia en cuotas, algo que hace pocos años era impensado. La tarjeta de crédito pasó de representar el 13,3% de las operaciones de pago en 2022 a explicar el 46,2% en 2025. No es que la gente compre más; es que ya no le alcanza para pagar al contado.
2. Cuando endeudarse era gratis (2021-2023). Durante buena parte de este período, la inflación jugaba a favor de quien debía plata. Entre noviembre de 2023 y septiembre de 2024, la tasa de interés real promedió -29% anual: es decir, quien tomaba un crédito terminaba pagando, en términos reales, menos de lo que había pedido. El incentivo era claro: consumir hoy y dejar que la inflación licuara la deuda mañana. Ahorrar, en ese esquema, era la opción perdedora. Esta lógica se rompió cuando bajó la inflación. Hoy financiarse en pesos implica un costo real positivo y creciente, lo que cambió por completo el cálculo de conveniencia.
3. Usar un préstamo para pagar la tarjeta. Un patrón muy propio del último tiempo: pedir un préstamo personal (con tasa más baja) para cancelar el saldo de la tarjeta (con tasa más alta) y estirar los plazos de pago. Este mecanismo explica buena parte del salto de los préstamos personales durante 2024, que crecieron más de 200% interanual en términos reales según el Banco Central.
4. El regreso del crédito hipotecario. Acá el motivo es distinto: acceso a la vivienda propia. En 2024 se otorgaron créditos hipotecarios a 10.000 personas, un 159% más que el año anterior, impulsado por la caída de la inflación, mayor estabilidad cambiaria y el regreso de los bancos a esta línea de crédito después de años sin ofrecerla. Un dato interesante para pensar el cambio generacional: el 80% de los nuevos titulares tiene entre 30 y 49 años, y una alta proporción no tiene hijos. Esto sugiere hogares más chicos, con más planificación patrimonial individual y demanda de viviendas más reducidas.
5. De la deuda informal a la deuda bancaria. Otro movimiento clave: la migración del "fiado del almacén" al crédito formal. En 2023, el 41,3% de los hogares tenía deuda bancaria y el 82,6% algún tipo de deuda informal (préstamos de familiares, fiado, atrasos). Para 2025, esos números pasaron a 47,9% y 61,6% respectivamente. La gente se está bancarizando, aunque no necesariamente porque le vaya mejor, sino porque el sistema formal se volvió más accesible que antes.
6. El freno: cuando la deuda deja de ser sostenible Hacia fines de 2025 y en 2026, el ciclo expansivo del crédito se cortó. La morosidad en préstamos personales llegó al 9,9% y en tarjetas al 7,7%, niveles que no se veían desde 2010. La razón es simple: los ingresos familiares mejoraron respecto a 2023, pero no lo suficiente como para sostener el ritmo de endeudamiento acumulado. Hoy financiarse sigue siendo caro: la tasa de préstamos personales ronda el 67% anual y la de tarjetas el 87%, mientras que un plazo fijo rinde apenas 19%. La brecha entre lo que cuesta deber y lo que rinde ahorrar nunca fue tan grande.
Todo esto esta conectado con los cambios de contextos, pasamos de un contexto donde endeudarse convenía porque la inflación licuaba la deuda, a un contexto donde endeudarse es carísimo pero mucha gente lo sigue haciendo porque no le queda otra opción. El crédito dejó de ser una herramienta de expansión del consumo para convertirse, en muchos hogares, en un mecanismo de supervivencia. Entender esto no es solo un dato macroeconómico: es una alerta útil a nivel individual. Si más del 30% de lo que entra cada mes se va en pagar deudas, es momento de frenar y ordenar antes de sumar más compromisos financieros.
Te dejo una pregunta reflexiva: ¿Vos también sentís que la tarjeta se volvió una forma de estirar el mes?.